Poema del autor, y comentario de Enrique Granda

Cuando la nieve pura caiga / sobre las altas montañas / y entre el silencio se hagan blancas / esperemos que por el bien de la mayoría / se haya ido este <mal -Gobierno>.
Y dejen los aviones fantasmas de fumigar el cielo / y la Justicia recupere la paz / y Ceuta y Melilla queden tranquilas.
Entonces, España, gozará de una mejor vida / y tendrá calma, en sus calientes sentidos / para poder recuperarse / del destrozo que ha sufrido.
(Este pequeño poema, se lo dedico a la memoria dePepe Huertas, fallecido hace unos días, y que fuera Secretario del Club de Opinión de Málaga, cuando lo presidía Gerardo Mora Montes y la democracia vivía en todo su esplendor. D.E.P.).
P.D.- Es de desear también, que las grandes cadenas europeas de medicamentos, nos dejen vivir en paz, dentro de nuestro sistema de <Farmacia Mediterránea> por el que tanto luchamos, siendo Pepe Huertas, un gran defensor; y un servidor, siempre escribió, sobre esa amenaza «latente».
Valentín M Torregrosa
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Por Enrique Granda: El futuro trabaja, el presente paga.

La Declaración de Asturias promete una farmacia ubicua: en el domicilio, en la vigilancia epidemiológica, en los datos sanitarios y hasta en las catástrofes. El farmacéutico del futuro estará en todas partes. Falta explicar si tendrá tiempo para comer. El documento confunde con demasiada facilidad el progreso de la profesión con la ampliación de su lista de obligaciones.
¿En qué mejora su vida? Se anuncian nuevas competencias, registros, intervenciones, protocolos y responsabilidades. Son objetivos defendibles, pero no se concretan medidas sobre conciliación, descanso, reducción de burocracia o dotación de personal. La inteligencia artificial tendrá supervisión humana; sería interesante que el humano tuviera también vacaciones. Una estrategia profesional debería empezar por quienes sostienen cada día el servicio, incluidos los farmacéuticos asalariados, cuya situación laboral apenas encuentra sitio entre tanta solemnidad.
¿En qué mejora su economía? Aquí conviene ser justos: la declaración reclama servicios financiados y sostenibilidad económica, especialmente para las farmacias rurales. Pero entre reclamar financiación y cobrarla cabe una década entera de congresos. No aparecen tarifas, presupuestos, mecanismos de actualización ni compromisos verificables. Tampoco se explica quién paga los desplazamientos domiciliarios, la formación, las herramientas digitales o el tiempo de trabajo adicional. El verbo «impulsar» tiene una ventaja extraordinaria: permite inaugurar el futuro sin consignar un euro.
¿En qué mejora su consideración social? El texto recuerda que la farmacia ya obtiene una excelente valoración ciudadana. Magnífico. Entonces el problema no parece ser la falta de cariño, sino convertir ese reconocimiento en autoridad efectiva, interlocución y remuneración. La cercanía, la disponibilidad y el consejo profesional llevan generaciones construyendo prestigio. Presentarlos como combustible inagotable para nuevas tareas puede terminar castigando precisamente esa tradición de servicio. Los aplausos reconfortan, pero no sustituyen una plantilla suficiente.
¿Y la democracia de sus instituciones? Aquí el silencio resulta especialmente elocuente. No hay propuestas sobre participación directa de los colegiados, transparencia presupuestaria, rendición de cuentas, límites de mandato o representación de las distintas situaciones profesionales. Se propone actualizar la deontología ante la inteligencia artificial, pero no se plantea actualizar el gobierno de las instituciones ante sus propios representados. Para los algoritmos, transparencia; para la organización corporativa, ninguna reforma concreta. La declaración contiene iniciativas valiosas. Su debilidad está en que describe con entusiasmo lo que el farmacéutico puede hacer por el sistema y con mucha menor precisión lo que el sistema y sus instituciones deben hacer por él. Sin dinero, tiempo, derechos y participación, Farmacia 2035 corre el riesgo de ser una vieja receta: más obligaciones, envueltas en un nuevo folleto.

